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¿Cómo cobro mi hora de diseñadora?

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No hay una cifra que sirva para todas ni para todos. Hay una cuenta, y casi nadie la hace completa.

Es la pregunta que más se repite entre quienes recién parten, y la que peor se responde: casi siempre con una cifra que alguien escuchó por ahí. El problema de copiar la tarifa de otra persona es que esa tarifa estaba calculada sobre sus costos, sus horas y su experiencia, no sobre los tuyos.

No existe un número correcto. Existe una cuenta, y lo que se suele hacer mal es dejar fuera la mitad de lo que hay que sumar.

El error: dividir lo que quieres ganar por 160

La cuenta intuitiva es tomar el sueldo mensual al que aspiras y dividirlo por las horas de un mes de trabajo. Esa cuenta deja fuera tres cosas que terminan saliendo de tu bolsillo.

  • Las horas que no se facturan. Cotizar, responder correos, buscar clientes, hacer la contabilidad, aprender. Son reales y nadie las paga.
  • Los costos de trabajar. Licencias, tipografías, computador, internet, respaldo, contador, el espacio donde trabajas.
  • Lo que un sueldo incluye y un honorario no. Vacaciones, licencias médicas, cotizaciones previsionales y de salud, los meses sin proyectos.

Si sumas todo eso, el número al que llegas es bastante más alto que el que da la división simple. No porque estés cobrando caro: porque la división simple estaba mal.

La cuenta completa, en cuatro pasos

  • Qué necesitas ganar al año. Lo que quieres que te quede líquido, más lo que pagas en impuestos y cotizaciones.
  • Qué cuesta sostener el trabajo al año. Licencias, equipo, servicios, contador, formación.
  • Cuántas horas facturas de verdad. Resta vacaciones y feriados, y después quédate con la mitad o algo más del tiempo restante: la otra mitad se va en todo lo que no se factura.
  • Divide. Lo primero más lo segundo, partido por lo tercero. Ese es tu piso, no tu precio.

Decimos piso porque esa cifra es lo que necesitas para no perder plata. Lo que cobras encima de eso depende de tu experiencia, del tipo de cliente y de cuánto vale para él lo que le estás resolviendo.

Y después de calcularla, no la uses para cotizar

Esto parece contradictorio, pero es lo más útil que podemos decir al respecto: la tarifa por hora sirve para saber si un proyecto te conviene, no para presentárselo al cliente.

Cobrar por hora castiga exactamente lo que deberías estar mejorando. Mientras más rápido trabajas, menos ganas. Y pone la conversación en el peor terreno posible: cuánto demoras, en vez de qué resuelve.

Al cliente no le interesa cuántas horas te tomó. Le interesa qué puede hacer con lo que le entregaste.

Cotizar por proyecto, con el alcance escrito, cambia la conversación entera. Tú usas la tarifa por hora por dentro, para estimar si el precio te cierra. El cliente ve un precio por algo definido, que es lo que puede comparar y aprobar.

Lo que sí hay que escribir siempre

La mayoría de los proyectos que se vuelven malos negocios no se arruinan por el precio: se arruinan por el alcance. Cuántas rondas de corrección entran, qué pasa con la séptima, qué incluye y qué no, cuándo se paga. Eso escrito antes de empezar vale más que cualquier ajuste de tarifa.

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