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El diseño en la era de la IA: Por qué un algoritmo no puede sustituir la intención

  • Foto del escritor: Rosario De Tezanos Pinto
    Rosario De Tezanos Pinto
  • 1 abr
  • 2 Min. de lectura

Está bien que hablemos de la IA, pero no desde el pánico, sino desde la realidad. Hoy parece que cualquiera con una suscripción a Midjourney es diseñador, y ahí es donde se enreda todo.


La verdad es que la IA es una herramienta increíble, una especie de copiloto ultra rápido que nos saca la pega pesada de encima. Nos permite probar texturas, luces o composiciones en segundos que antes nos tomaban una tarde entera. Pero ojo: que el programa sea rápido no significa que el diseño sea automático.


El tema es que la IA es experta en "hacer", pero no tiene idea de "porqué" hace las cosas. Te puede tirar diez imágenes impactantes, pero no sabe si esa estética conversa con el público que busca tu marca en el norte de Chile o si se va a ver bien impresa en una etiqueta pequeña. Ahí es donde entramos nosotros con el criterio.


En el estudio la usamos para estirar el elástico de la creatividad. Si antes explorábamos tres caminos, ahora exploramos treinta. Pero el trabajo real sigue siendo el mismo de siempre: filtrar, editar y decidir qué tiene sentido y qué es simplemente algo bonito pero vacío. La IA propone, pero el diseñador es el que tiene el criterio de lo que la marca realmente necesita para no ser una más del montón.


Al final, si todo se vuelve automático, todo empieza a verse igual. Se pierde esa "imperfección" con intención, ese detalle que hace que una marca se sienta humana y no sacada de un molde genérico.


Usar IA no es apretar un botón y listo; es saber dirigir algoritmos para que el resultado final sea estratégico. Porque una imagen generada en dos segundos puede ser muy llamativa, pero una identidad que funciona es la que tiene una cabeza humana detrás asegurándose de que cada detalle tenga un propósito claro.

 
 
 

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